viernes, 19 de julio de 2019

La campaña del Impuesto sobre Sociedades y la belleza de la lucha


Un directivo del sector automovilístico, muy admirado por mi persona y que me consta leerá este escrito, solía decir que cuando uno va cumpliendo años, y echa la vista atrás, los momentos que se recuerdan con mayor cariño y orgullo son los años de lucha. Para los que nos dedicamos, o pretendemos dedicarnos, a la asesoría fiscal, muchos de estos momentos tendrán probablemente como hilo conductor la campaña del Impuesto sobre Sociedades.

Abogado e Impuesto sobre Sociedades

Este mes he tenido la oportunidad, cual periodista de guerra, de ver desde la privilegiada posición del alumno en prácticas profesionales el día a día de la campaña de Sociedades en un despacho de Abogados de primer nivel, como es el caso de Montero | Aramburu. Y digo bien, guerra, pero no por pensar que todo esto se trata de un conflicto entre asesores y Administración Pública, ni mucho menos, sino por tratarse de una verdadera guerra de los abogados y asesores contra el tiempo, contra el plazo que está siempre presente y contra todos aquellos obstáculos de muy variada naturaleza que van surgiendo a lo largo y ancho del camino.

Siempre me ha fascinado el fenómeno bélico, y soy de los que piensan y defienden que, si bien las guerras sacan lo peor de algunas personas, también esas situaciones límite hacen aflorar lo mejor de otras tantas. Camaradería, excelencia en la ejecución del trabajo encomendado, capacidad de trabajo en equipo o sacrificio por tu compañero de trinchera son virtudes que se dan en las campañas militares, y que también he podido apreciar en el despacho, especialmente durante la campaña de Sociedades.

Y en este sentido, tal y como sucede en la jerarquía militar, en un despacho de tamaño mediano o grande encontramos diferentes puestos: socios fundadores o socio director, socios, asesores o abogados veteranos, y asesores o abogados con una menor experiencia; equivalentes, respectivamente, a generales, capitanes, jefes de pelotón y soldados rasos, en el ejército. Y por supuesto, como sucede en los ejércitos, no menos necesarias e importantes son todas aquellas personas que se encargan de que la maquinaria se mantenga funcionando y bien engrasada, como son los encargados de la intendencia en el ámbito castrense, o el personal de administración en los despachos.

Otro directivo español, en este caso del sector seguridad, Antonio Rubio Merino, también decía que una cosa es lo que sabes del mundo empresarial, por haber leído al respecto o haberte formado, y otro asunto muy diferente es vivir la empresa (o una guerra, en el caso del fenómeno militar, del que él como historiador también es apasionado). Así, si bien cuando leo o escucho a historiadores y expertos hablar de importantes campañas militares, no puedo evitar admirar a los grandes generales, como pudieron ser Aníbal o nuestro emperador hispano Trajano, al leer las memorias de aquellos que participaron en el día a día de esas campañas, a quien más admiro es a la figura del jefe de pelotón. En el caso de la empresa, también me gusta fijarme en esos jefes de pelotón, esos abogados o economistas veteranos en el caso de los despachos especializados en Derecho Tributario, que sostienen sobre sus hombros todo el peso que haga falta para que todos los clientes vean satisfechas sus legítimas expectativas, también durante la época más complicada del año.

Y son al final estos veteranos los que cumplen no sólo la función de que todas las liquidaciones se presenten en plazo, sino también esa labor tan necesaria en las organizaciones empresariales de dar ejemplo a aquellos que llevan menos tiempo en la profesión (una función en la que, por otro lado, también son especialistas y cumplen con nota los socios en un despacho, pero que no es exclusiva de los mismos). Así, observas que estos jefes de pelotón son los primeros en llegar, y los primeros en irse del despacho; que llevan a cabo el mismo exigente trabajo de despacho que el resto, pero que además se reúnen constantemente con clientes, muchas veces cruzando media España con total normalidad. Personas que al final, por mucho que se le reste mérito o importancia aduciendo que todo esto les va incluido en el sueldo, anteponen el deber de cumplir con su trabajo a prácticamente todo lo demás, especialmente en esta época de campaña de Sociedades.

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Por Javier García de Tiedra González, Abogado y Máster en Asesoría Fiscal.